Un sorbete ligero y refrescante, a años luz de las versiones industriales cargadas de azúcar: aquí, el zumo de zanahoria, la naranja fresca y un toque de jengibre hacen todo el trabajo. La miel aporta justo la dulzura necesaria, que puede ajustar a su gusto o aligerar con un poco de stevia. Una receta sencilla que sobre todo requiere tener a mano una licuadora o una buena batidora.
Sorbete de zanahoria y naranja con jengibre fresco
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Ingredientes
- 480 ml de zumo de zanahoria fresco
- 1120 ml de zumo de naranja fresco
- 6 g de ralladura de naranja fresca
- 20 g de zumo de jengibre fresco (o un trozo de jengibre fresco, o su equivalente en jengibre crudo)
- 60 ml de zumo de limón fresco (unos 2 limones medianos)
- ¼ a 120 ml de miel (o un poco de stevia para aligerar)
Preparación
- Extraiga el zumo de zanahoria, naranja y jengibre con la licuadora (o tritúrelos en la batidora con un trozo de jengibre, el zumo de limón y la miel).
- Incorpore la ralladura de naranja con varillas, sin triturar.
- Turbine la mezcla en la heladera, o viértala en una cubitera; déjela descongelar ligeramente antes de triturarla de nuevo para obtener la textura de un sorbete.
Consejo
Sin heladera, la cubitera funciona muy bien: basta con dejar que los cubitos se atemperen unos minutos antes de triturarlos de nuevo en la batidora.
Una mirada al jengibre
El jengibre debe su sabor picante al gingerol, un compuesto que se suaviza ligeramente con la cocción; crudo, resulta más vivo en boca. En polvo está más concentrado que la raíz fresca a igual volumen, por lo que basta una pequeña cantidad para realzar una preparación. También va muy bien en un agua detox: consulte nuestra receta de agua de jengibre y limón.
Para un helado logrado a la primera: con la máquina de helados Ninja CREAMi Deluxe, ya no hace falta remover cada hora ni vigilar cómo cuaja en el congelador. Congela la preparación en su vaso, elige el programa (helado, sorbete, gelato o granizado) y en pocos minutos la máquina le devuelve una textura cremosa, lisa y sin cristales. Es el aparato que adoptamos este verano para nuestros helados vegetales.
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FAQ: sus preguntas sobre el jengibre fresco
¿Es bueno comer jengibre fresco?
Sí, y el fresco tiene una clara ventaja sobre el polvo: contiene más gingeroles, los compuestos responsables de su picante característico y de su aroma cítrico. En la cocina la diferencia se nota de inmediato: un zumo de jengibre fresco no tiene nada que ver con una cucharada de polvo diluido. Las cantidades habituales, unos centímetros de rizoma en una preparación, no plantean ningún problema en un adulto sano. Elíjalo firme, de piel lisa y tensa, y consérvelo en el frigorífico.
¿Cuál es el mejor momento para tomar jengibre?
Depende de lo que busque. En infusión, cuente dos o tres centímetros rallados en agua a punto de hervir, de diez a quince minutos tapado para no perder los compuestos volátiles; es la forma más suave. En zumo, con licuadora, resulta muy concentrado: unas cucharadas bastan para aromatizar un litro, como en este sorbete. Rallado crudo en una vinagreta o en una macedonia, conserva todo su mordiente. Un hábito que lo cambia todo: no lo pele, rasque simplemente la piel con el dorso de una cuchara.
¿Cuándo está desaconsejado el jengibre?
En dosis culinarias rara vez lo está, pero algunas situaciones merecen consejo médico antes de consumirlo de forma regular y concentrada: tratamiento anticoagulante, cálculos biliares, cirugía programada. Las personas propensas al reflujo ácido a veces lo toleran mal en ayunas. Por último, durante el embarazo se usa tradicionalmente contra las náuseas, pero las recomendaciones indican no superar un gramo al día de jengibre seco. En un sorbete repartido en varias raciones, estamos muy lejos de esos umbrales.
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