Una versión vegana y cruda de la tradicional panna cotta, aquí moldeada en forma de huevo para celebrar la Pascua con gula. La textura, sedosa y ligeramente temblorosa, se lo debe todo al musgo de Irlanda, un alga roja que da un postre delicadamente avainillado, sin ningún sabor marino. Una salsa fresca de kiwi y menta equilibra el dulzor del conjunto con un punto de acidez muy bienvenido.
Huevos de Pascua de panna cotta con fruta
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Ingredientes
Para la panna cotta
- 4 tazas de leche de coco casera (ver el truco)
- 1/2 taza de musgo de Irlanda, enjuagado y remojado en agua caliente al menos 10 minutos
- 1 taza de pulpa de coco joven
- 1/2 taza de sirope de agave crudo (u otro endulzante de su elección)
- Las semillas de 2 vainas de vainilla
- 1/2 taza de aceite de coco
Para la salsa de menta y kiwi
- 3 a 4 kiwis
- 3 a 4 hojas de menta fresca
- Endulzante de su elección, a ajustar al gusto
Preparación
- Para la leche de coco casera, remoje 2 tazas de coco rallado seco sin azúcar en 4 tazas y media de agua purificada durante 30 minutos, y triture después en una batidora potente hasta obtener una textura lisa. Filtre con una bolsa de leche vegetal y deseche la pulpa.
- En una batidora potente, triture todos los ingredientes de la panna cotta salvo el aceite de coco, hasta obtener una textura muy lisa.
- Añada el aceite de coco con la batidora aún en marcha, para emulsionarlo bien.
- Vierta la preparación en moldes con forma de huevo (o cualquier otro molde de su elección) previamente pincelados con un poco de agave.
- Refrigere de 6 a 8 horas, hasta que la panna cotta haya cuajado del todo.
- Para la salsa, triture los kiwis y las hojas de menta en la batidora o el robot.
- Desmolde con cuidado la panna cotta sobre la salsa en el momento de servir y decore con kiwi en rodajas y menta fresca.
Truco
El musgo de Irlanda es imprescindible para la textura cuajada de esta panna cotta: enjuáguelo con cuidado antes de usarlo, ya que no deja ningún sabor a alga una vez triturado con el resto de ingredientes.
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FAQ: sus preguntas sobre la panna cotta vegana
¿Cómo hacer una panna cotta sin gelatina?
Tiene tres vías principales. El agar-agar, extraído de algas rojas, es el más común: unos 2 g por litro, pero exige un minuto de ebullición, así que se acabó la versión cruda. El musgo de Irlanda, usado aquí, cuaja en frío una vez triturado: es la única opción compatible con una receta 100 % cruda. Por último, las semillas de chía o el almidón dan texturas distintas, más espesas que temblorosas. La elección depende sobre todo de la textura buscada y de si se puede cocer o no.
¿Por qué se puede sustituir la gelatina en la panna cotta?
El agar-agar es el sustituto más extendido, pero ojo con la dosis: gelifica unas ocho veces más que la gelatina, y una pizca de más convierte el postre en un flan gomoso. Cuente de 1 a 2 g por litro para una textura que siga temblando. El musgo de Irlanda, en cambio, da un gel más flexible y cremoso, sin cocción, y eso es lo que marca la diferencia en esta receta. La pectina, por último, funciona sobre todo con preparaciones ácidas, lo que la hace poco adecuada para una base de bebida vegetal.
¿Cómo gelificar sin gelatina?
Todo depende del soporte. Para una preparación líquida caliente, el agar-agar sigue siendo la referencia: llevado a ebullición y luego enfriado, forma un gel firme y limpio. En frío, toman el relevo las fibras solubles: musgo de Irlanda triturado, semillas de chía, lino molido, cada una con una textura distinta -gel sedoso la primera, gel granuloso las otras dos-. Y no olvide la solución más sencilla: las grasas sólidas en frío, aceite de coco o manteca de cacao, que cuajan en la nevera sin ningún gelificante.
¿Qué ingrediente puede sustituir a la gelatina?
Depende de lo que quiera reproducir. Para la firmeza limpia de una gelatina, el agar-agar. Para la untuosidad flexible de una crema cuajada, el musgo de Irlanda o un carragenano. Para espesar sin gelificar realmente, la maicena, el arrurruz o el chía. Para una mousse aireada, la lecitina o la aquafaba. Ninguno de estos ingredientes reproduce exactamente el comportamiento de la gelatina, que se funde a temperatura corporal: es justo esa sensación en boca la más difícil de imitar.
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