La jicama es un tubérculo originario de México, de pulpa crujiente, jugosa y ligeramente dulce. Es una base ideal para una ensalada fresca y crujiente: aquí se combina con apio y cebolletas, todo ello envuelto en una salsa untuosa de anacardos y eneldo fresco. Una receta sencilla, lista en pocos minutos, perfecta para acompañar una comida de verano.
Ensalada crujiente de jicama con salsa cremosa de anacardos y eneldo
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Ingredientes
Salsa de eneldo
- 250 g de anacardos, remojados toda la noche, enjuagados y escurridos
- 125 ml de agua filtrada e hidrogenada
- 3 cucharadas de vinagre de sidra
- 2 cucharaditas de mostaza en polvo
- 2 cucharaditas de zumo de limón
- sal (o el equivalente a 1 cucharada - 15 ml - de agua de mar) y pimienta, al gusto
- 1 cucharadita de ajo seco picado
- 4 cucharaditas de eneldo fresco picado
Ensalada
- 780 g de jicama pelada y cortada en dados (aproximadamente 1 jicama grande)
- 100 g de cebolletas picadas
- 200 g de apio en rama cortado
- de 125 a 165 ml de salsa de eneldo, al gusto
Preparación
- Ponga todos los ingredientes de la salsa en una batidora potente y triture hasta obtener una textura muy lisa.
- En una ensaladera grande, mezcle la jicama, las cebolletas y el apio.
- Incorpore la salsa de eneldo, entre 125 y 165 ml según la consistencia deseada.
- Espolvoree un poco más de eneldo fresco antes de servir, si lo desea.
Consejo
La jicama se encuentra en tiendas de alimentación asiática o de productos exóticos: pélela con cuidado, ya que solo se consume la pulpa. Si no la encuentra, el colinabo o el rábano negro cortados en dados aportan un crujiente parecido. La salsa sobrante se conserva de 3 a 4 días en la nevera en un tarro hermético.
Preguntas frecuentes sobre la ensalada de jicama con eneldo
¿Qué es la jicama?
La jicama, a veces llamada nabo mexicano o frijol ñame, es el tubérculo de una planta trepadora originaria de México y Centroamérica. Bajo su piel marrón, que hay que retirar, se esconde una pulpa blanca, jugosa y muy crujiente. Se encuentra sobre todo en tiendas de alimentación asiática o de productos exóticos. Se consume pelada, casi siempre cruda, como en esta ensalada.
¿Cómo se puede comer la jicama?
La jicama se come casi siempre cruda, una vez pelada: en bastoncitos para mojar en una salsa, rallada o en dados en una ensalada, o en láminas finas rociadas con zumo de lima. Solo se consume la pulpa: retire bien toda la piel y no utilice ni las hojas ni las semillas de la planta. En esta receta, unos 780 g de jicama en dados se envuelven en una salsa cremosa de anacardos y eneldo. Admite cocción, pero entonces pierde parte de su textura crujiente.
¿A qué sabe la jicama?
La jicama tiene un sabor suave y discreto, ligeramente dulce, que a menudo se compara con el de una pera poco dulce o el de una patata cruda. Su gran baza es la textura: crujiente, jugosa y refrescante. Este sabor neutro la convierte en una base excelente para una salsa con más carácter como esta, en la que el vinagre de sidra, la mostaza y el eneldo dan personalidad a la ensalada.
¿Qué receta se puede hacer con jicama?
La más sencilla es la ensalada: jicama en dados, apio y cebolletas ligados con una salsa cremosa de anacardos, eneldo y vinagre de sidra. La jicama también se presta a ensaladas más afrutadas, con mango, lima y cilantro, o se sirve en bastoncitos para mojar en un dip. Rallada, aporta un toque crujiente a una ensalada de col. Consérvela cruda para disfrutar plenamente de su textura.
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