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Inteligencia del pulpo: por qué se prohíbe su cría

Inteligencia del pulpo: por qué se prohíbe su cría

En breve. En 2026, la cría industrial de pulpos está en vías de convertirse en ilegal en buena parte del mundo occidental. La razón cabe en una frase: la ciencia ha confirmado lo que los pescadores gallegos, griegos o japoneses sabían desde hace siglos — el pulpo siente, anticipa, memoriza y sufre. El informe de la London School of Economics (2021) hizo basculer la legislación británica. California adoptó la OCTO Act en septiembre de 2024. Washington, Oregón y varios estados americanos siguieron. En España, el proyecto de Nueva Pescanova — primera granja industrial de pulpos del mundo — está suspendido desde el otoño de 2024. Aquí tienes por qué este expediente merece que te detengas, y lo que dice sobre nuestra relación con lo vivo marino.

Una mano tendida en el océano

Si todavía no has visto Mi maestro el pulpo (título original: My Octopus Teacher), párate dos minutos. El documental de Craig Foster, estrenado en Netflix en 2020, hizo algo bastante raro: desplazó al gran público una conversación que, hasta entonces, quedaba confinada en los laboratorios. Un hombre, un bosque de kelp en Sudáfrica, y un pulpo que, día tras día, acepta su presencia. Al final de la película, el animal le tiende un brazo. No para cazar. No para defenderse. Sólo por lo que se parece, a no equivocarse, a un gesto de reconocimiento.

La imagen es bella, pero no es el tema. El tema es lo que esa escena — vista por decenas de millones de personas, Óscar al mejor documental 2021 — hizo basculer en la opinión pública. Cinco años después, la pregunta ya no es «¿es inteligente el pulpo?». Se ha convertido en «¿cómo es posible que aún se plantee criarlo en tanques industriales?». Y es esa segunda pregunta, más incómoda, la que vamos a desplegar aquí — con calma, con los elementos sobre la mesa.

Nueve cerebros, tres corazones, sangre azul

Antes de cualquier consideración ética, está la biología. Y la biología del pulpo es, por así decirlo, desorientadora.

Un cerebro central, ocho cerebros periféricos

El pulpo común (Octopus vulgaris) posee un cerebro central, situado entre los ojos, que reúne unos 180 millones de neuronas. Pero ese cerebro sólo representa algo más de un tercio de su sistema nervioso total. El resto — unos 320 millones de neuronas — está distribuido en los brazos, a razón de un ganglio por brazo, cada uno capaz de tratar información localmente. Significa, concretamente, que un brazo de pulpo puede «decidir» agarrar un objeto sin que la orden pase por el cerebro central. El brazo sabe, en cierto modo. Los trabajos del Instituto de Ciencias del Mar del CSIC en Barcelona, así como las investigaciones de Roger Hanlon en el Marine Biological Laboratory de Woods Hole, han contribuido a cartografiar con precisión este sistema nervioso atípico.

Para quien está acostumbrado al modelo «cerebro único arriba, cuerpo abajo» de los vertebrados, es una reorganización completa del pensamiento. Donde nosotros centralizamos, el pulpo distribuye.

Tres corazones, sangre azul y una memoria viva

Tres corazones: dos branquiales, que bombean la sangre hacia las branquias, y un corazón sistémico que irriga el resto del cuerpo. La sangre del pulpo es azul — la hemocianina, a base de cobre, sustituye a nuestra hemoglobina a base de hierro. En cuanto a capacidades cognitivas, el pulpo abre tarros, resuelve laberintos, memoriza rostros humanos (sí, de verdad — el estudio de Jennifer Mather sobre el reconocimiento individual ha sido reproducido), utiliza herramientas (cáscaras de coco transportadas como refugio portátil), y demuestra una flexibilidad comportamental que pocos otros invertebrados se aproximan.

El giro de 2021: el dolor afectivo

Durante mucho tiempo, el debate científico ha girado en torno a una pregunta: «¿siente el pulpo dolor, o sólo un reflejo nociceptivo?». El matiz no es trivial. Un reflejo es mecánico. Un dolor sentido es una experiencia subjetiva. En 2021, el estudio de Robyn Crook publicado en iScience aportó una respuesta que se ha convertido en referencia: los cefalópodos manifiestan un dolor afectivo, es decir, un componente emocional del dolor — no sólo una reacción motora. Traducido a percepción, lo que observan los investigadores es un animal que aprende a evitar un lugar donde ha sufrido, que modifica su comportamiento de forma duradera, que muestra signos de estrés prolongado. No un termostato biológico. Un ser que se acuerda de haber tenido daño.

Cerebro, corazón y sangre del pulpo

Sintiencia animal: el giro ético y jurídico

Aquí es donde la ciencia se encuentra con la ley.

El informe LSE 2021 — Birch y colegas

En noviembre de 2021, el Department for Environment, Food and Rural Affairs del Reino Unido encarga a la London School of Economics una revisión independiente de la literatura científica sobre la sintiencia de los cefalópodos y los decápodos. El equipo de Jonathan Birch, profesor de filosofía de las ciencias, examina más de 300 estudios. Veredicto: la prueba es suficiente. Los cefalópodos (pulpos, calamares, sepias) deben ser considerados como seres sintientes, capaces de experimentar estados mentales subjetivos — entre ellos el dolor, el placer, el miedo.

UK Animal Welfare (Sentience) Act 2022

En las semanas siguientes, el Parlamento británico adopta la Animal Welfare (Sentience) Act 2022. El texto reconoce jurídicamente la sintiencia de los cefalópodos y los decápodos — una primicia en Europa occidental. Concretamente: toda decisión política futura en el Reino Unido debe ahora tener en cuenta el bienestar de estos animales.

La paradoja europea (y española)

A escala europea, la situación es más ambigua. La directiva 2010/63/UE protege a los cefalópodos utilizados con fines científicos. Pero no cubre a los destinados a la alimentación o a la acuicultura. Dicho de otra forma: en un laboratorio, el pulpo tiene derechos. En una granja acuícola, no los tiene. Es ese vacío jurídico el que ha permitido a Nueva Pescanova avanzar con su proyecto — y es ese mismo vacío el que hoy se cuestiona. En España, la Ley 32/2007 para el cuidado de los animales no incluye a los cefalópodos en su perímetro de protección, lo que la coalición jurídica Intercids ha pedido formalmente que se modifique, junto con la Ley 23/1984 de Cultivos Marinos.

Las prohibiciones se acumulan: cronología 2021-2026

En cinco años, el paisaje legal se ha transformado. Aquí tienes la trayectoria.

Noviembre de 2021 — Se publica el informe Birch / LSE. Reconocimiento científico de la sintiencia de los cefalópodos.

Abril de 2022 — El Reino Unido adopta la Animal Welfare (Sentience) Act. Los cefalópodos son reconocidos jurídicamente como seres sintientes.

Marzo de 2024 — El estado de Washington adopta el Washington Octopus Farming Ban (HB 1153), primera prohibición americana de la cría de pulpos para el consumo humano.

Junio de 2024 — En el Congreso americano, el senador Sheldon Whitehouse (demócrata) y el representante Don Bacon (republicano) presentan el Opposing the Cultivation and Trade of Octopus Produced through Unethical Strategies (OCTOPUS) Act. Un texto bipartidista — cosa rara en los últimos años — que propone prohibir la cría comercial de pulpos en todo el territorio federal y vetar su importación.

Septiembre de 2024 — California adopta la OCTO Act (AB 3162), impulsada por el asambleísta Steve Bennett. Prohibición de la cría y de la venta de pulpos procedentes de granjas comerciales. Oregón sigue inmediatamente.

Octubre de 2024 — El Gobierno de Canarias, tras informe desfavorable del Ministerio para la Transición Ecológica sobre la evaluación de impacto ambiental, suspende el proyecto de granja industrial de Nueva Pescanova en Las Palmas de Gran Canaria. La decisión es oficial.

2025 — La coalición española Intercids intensifica su acción jurídica y solicita formalmente la modificación de la Ley de Cultivos Marinos para incluir el bienestar de los cefalópodos. El Eurogroup for Animals publica en marzo de 2025 una toma de posición instando a la Comisión Europea a prohibir la cría de cefalópodos a escala de la Unión.

2026 — Varios estados americanos examinan textos equivalentes. El debate está abierto en varios parlamentos regionales europeos, incluida la Comunidad Autónoma de Canarias.

En cinco años, hemos pasado de un «aún no se sabe» a un «la ciencia ha decidido, a nosotros corresponde sacar las consecuencias». La velocidad de este vuelco, en el mundo de las políticas públicas, es inhabitual. Dice algo.

Nueva Pescanova: el derrumbe silencioso

El expediente Nueva Pescanova merece detenerse en él, porque concentra, por sí solo, todos los desafíos del debate. Y porque es, ante todo, un asunto español — gallego de origen, canario por implantación.

La empresa, con sede en Vigo (Galicia), anunció en 2019 su intención de abrir la primera granja industrial de pulpos del mundo, en Las Palmas de Gran Canaria. Inversión anunciada: 65 millones de euros, de los cuales 9,7 millones procedían de fondos públicos españoles a través del programa Pleamar de la Fundación Biodiversidad. Capacidad prevista: un millón de pulpos al año. El método de sacrificio previsto en los documentos técnicos transmitidos a las autoridades canarias: inmersión en baños de hielo a -3 °C. Un método que la comunidad científica calificó, desde la publicación de los planos, de lento y estresante para un animal tan neurológicamente complejo.

El segundo problema, menos visible pero estructuralmente igual de pesado: el pulpo es un carnívoro estricto. Para producir un kilo de pulpo en tanques, hacen falta unos tres kilos de peces salvajes (sardinas, caballas, anchoas) capturados en el mar. Dicho de otra forma, una granja de pulpos no aumenta los recursos alimentarios — acelera la sobrepesca al transformar proteínas marinas ya escasas en un producto final más prestigioso. La organización Compassion in World Farming ha documentado este ratio en detalle en su informe sobre la acuicultura del pulpo.

En octubre de 2024, tras el informe desfavorable del Ministerio para la Transición Ecológica sobre la evaluación de impacto ambiental, el Gobierno de Canarias suspendió la autorización. El proyecto, en el momento en que se escriben estas líneas (mayo de 2026), sigue parado. Varios inversores han tomado distancias. Lo que debía ser el modelo de una nueva industria mundial es, por ahora, un expediente en stand-by. Hay aquí, además, una pregunta legítima sobre el uso de fondos públicos: 9,7 millones de euros del contribuyente español invertidos en un proyecto que, en última instancia, no ha sido autorizado.

Punto importante. Nada de esto cuestiona la tradición culinaria española en torno al pulpo. Pulpo a la gallega, pulpo a feira, las pulpeiras de Carballiño o de Lugo, la pesca artesanal con nasas en las rías gallegas: son patrimonios vivos, sostenidos durante siglos por un saber hacer respetuoso de los ciclos del animal y del mar. Lo que está en cuestión es la industrialización de esa pesca — la idea de pasar a una producción masiva en tanques cerrados, fuera del medio natural, con un animal cuya complejidad cognitiva descalifica este modelo. Distinción importante, que la prensa española ha sabido mantener (El País, La Vanguardia, Agencia SINC).

El pulpo, primer «animal dominó»

Esto es lo que está pasando. Y esto es lo que más me llama la atención del expediente.

El pulpo se está convirtiendo en lo que algunos éticos llaman un «animal dominó» — un caso cuya resolución moral, por ser demasiado evidente para ser cuestionada, hace caer otras fichas detrás de él. Si reconocemos que el pulpo no debe ser criado en tanques porque siente, memoriza y sufre, ¿qué decimos, en espejo, del pollo criado en nave, del salmón de granja amontonado en jaula marina, del cerdo en edificio cerrado? No decimos nada — por ahora. Pero la pregunta se plantea, y se plantea precisamente porque el caso del pulpo es demasiado claro para ser ignorado.

Es exactamente lo que inquieta a los defensores de la ganadería industrial — y exactamente lo que motiva la movilización. El filósofo Peter Singer hablaba, ya en los años 70, del especismo: la tendencia a otorgar una consideración moral diferente a los seres vivos según su especie, sin justificación racional. Cuarenta años después, es esta lectura la que regresa al primer plano.

La literatura también se ha apoderado del tema. Remarkably Bright Creatures de Shelby Van Pelt, publicado en 2022 (traducido al español como Criaturas extraordinarias), cuenta la amistad entre una mujer mayor y un pulpo en un acuario — bestseller del New York Times, adaptado por Netflix en 2026 con Sally Field y la voz de Alfred Molina. En el ámbito hispanohablante, la Fundación Aquae y National Geographic España han publicado en estos últimos años síntesis rigurosas y accesibles sobre el estado del conocimiento del cefalópodo. Estos contenidos no son coincidencias editoriales — responden a una demanda social real.

Por mi parte, lo que retengo de todo esto es que la conversación ha basculado. Y que ya no es posible, en 2026, hablar del pulpo como se hablaba de una gamba hace veinte años.

El camino de las algas

Todo esto no dice nada, en cambio, de lo que uno pone en su plato en lugar — y esa es otra conversación.

Por mi parte, desde hace treinta años, trabajo sobre una respuesta complementaria — no la única, no la sola: las algas alimentarias. En Japón, en Corea, en Galicia, en Bretaña, culturas enteras han organizado su relación con el mar sin depender exclusivamente de la pesca de especies complejas. La tradición gallega del ouriño, las algas que las marisqueras recolectan en las rías, los productos de Porto-Muiños en Cerceda: hay aquí un patrimonio marino vegetal infrautilizado. Dulse, wakame, nori, kombu, lechuga de mar: estos vegetales marinos ofrecen un perfil nutricional denso en minerales, proteínas y fitonutrientes, con una huella ecológica que no tiene nada que ver con la de la pesca industrial.

Con Aurélie, hemos dedicado varios años a documentar este camino en Algues au Quotidien (Gallimard, 2024). El libro recibió el Gourmand World Cookbook Award 2025 y el Premio de la Academia Nacional de Cocina 2025 en la categoría productos del mar. No es un libro militante — es un libro de cocina. Pero es nuestra manera de decir que las alternativas existen y que están, ya, al alcance del tenedor.

Para ir más allá sobre las algas alimentarias y su origen: la sección algas marinas de Biovie.

El camino de las algas

FAQ — Inteligencia del pulpo

¿Qué tan inteligente es el pulpo?

El pulpo posee unos 500 millones de neuronas — repartidas un tercio en su cerebro central y dos tercios en sus ocho brazos, que pueden tratar información localmente. Resuelve laberintos, abre tarros, memoriza rostros humanos, utiliza herramientas (cáscaras de coco transportadas como refugio) y manifiesta una flexibilidad comportamental rara en los invertebrados. Las investigaciones recientes (Crook, iScience 2021; informe Birch / LSE 2021) confirman que experimenta un dolor afectivo — es decir, con una dimensión subjetiva, no sólo refleja.

¿Quién es más inteligente, el pulpo o el delfín?

El debate sigue abierto. Los delfines y las orcas estuvieron durante mucho tiempo en lo alto del ranking entre los vertebrados, con un cerebro voluminoso, comportamientos sociales complejos y un uso de herramientas documentado. Pero el pulpo representa una forma de inteligencia evolutivamente independiente: cefalópodos y vertebrados separaron sus linajes hace más de 500 millones de años. Comparar es comparar dos arquitecturas neurológicas radicalmente distintas. Para muchos científicos, el pulpo es hoy la forma más lograda de inteligencia no humana de origen evolutivo independiente.

¿Cuánto coeficiente intelectual tiene un pulpo?

El concepto de CI, concebido para medir la cognición humana, no se aplica directamente a los animales. Pero si miramos las funciones cognitivas que asociamos a la inteligencia — aprendizaje, memoria, resolución de problemas, flexibilidad comportamental, reconocimiento individual — los pulpos demuestran un abanico notable. Aprenden por observación, reconocen a los cuidadores individualmente, manifiestan preferencias (algunos pulpos en acuario «apuntan» con un chorro de agua a los visitantes que no aprecian), y se adaptan rápidamente a nuevos entornos.

¿Pueden los pulpos reconocer a las personas?

Sí, y esto ha sido reproducido en varios estudios. La investigación pionera de Jennifer Mather, en el Seattle Aquarium, mostró que los pulpos en cautividad distinguen entre los cuidadores que les alimentan y los que les someten a manipulaciones desagradables — y reaccionan en consecuencia, incluso cuando ambas personas llevan idéntico uniforme. Esta capacidad de reconocimiento individual es uno de los criterios cognitivos más exigentes en el reino animal. La asocia a una memoria duradera de las interacciones — lo que refuerza el argumento ético contra su cría en tanques.

¿Cuántos cerebros tiene un pulpo?

Un cerebro central y ocho ganglios periféricos — uno por brazo. Es lo que se llama un sistema nervioso distribuido. El cerebro central reúne unos 180 millones de neuronas; cada brazo contiene unos 40 millones. En total, un pulpo común tiene unos 500 millones de neuronas. La expresión «nueve cerebros» es una divulgación, pero refleja bien la realidad funcional: un brazo de pulpo puede actuar sin esperar las órdenes del cerebro central.

¿Por qué se prohíbe la cría industrial del pulpo?

Por tres razones acumuladas. Primera razón: la ciencia ha confirmado que el pulpo siente el dolor de manera afectiva, no sólo refleja (Crook 2021, informe Birch LSE 2021). Segunda razón: ningún método de sacrificio industrial ha sido validado como «humanitario» para esta especie; los protocolos previstos (baños de hielo a -3 °C) se consideran lentos y estresantes. Tercera razón: el pulpo es un carnívoro estricto — producir un kilo de pulpo de cría requiere unos tres kilos de peces salvajes, lo que amplifica la presión sobre ecosistemas marinos ya sobreexplotados. Estas tres razones han llevado al Reino Unido, California, Oregón y al estado de Washington a legislar, y a España a suspender el proyecto Nueva Pescanova.

Fuentes científicas e institucionales

  1. Birch J. et al. (2021). Review of the Evidence of Sentience in Cephalopod Molluscs and Decapod Crustaceans. London School of Economics, encargo del Defra (UK).
  2. Crook R.J. (2021). Behavioral and neurophysiological evidence suggests affective pain experience in octopus. iScience, 24(3).
  3. Parliament of the United Kingdom (2022). Animal Welfare (Sentience) Act 2022.
  4. California State Legislature (2024). Assembly Bill 3162 — OCTO Act.
  5. Compassion in World Farming. Octopus Farming: A Recipe for Disaster.
  6. Intercids — Operadores Jurídicos por los Animales. Posición sobre la cría industrial de cefalópodos.
  7. Van Pelt S. (2022). Remarkably Bright Creatures. Ecco Press. Bestseller New York Times.

Actualización: mayo de 2026. Artículo redactado por Éric Viard, fundador de Biovie (desde 2007) e ingeniero agrónomo tropical (ISTOM). Coautor con Aurélie de Algues au Quotidien (Gallimard / Alternatives, 2024), Gourmand World Cookbook Award 2025 y Premio de la Academia Nacional de Cocina 2025 (categoría productos del mar).

Aviso legal. Las informaciones presentadas en este artículo se facilitan a título informativo y reflejan el estado del conocimiento científico y jurídico en mayo de 2026. No constituyen un dictamen veterinario, ni un dictamen jurídico, ni una recomendación de consumo. Para cualquier pregunta relativa a tu alimentación, consulta a un profesional cualificado.

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